renace de las cenizas

fuente: culligan

¿El agua realmente se está acabando?

El Perú está ubicado en el puesto ocho entre los países con mayor cantidad de agua a nivel mundial; irónicamente, también está en la lista de países con alto estrés hídrico. 

Publicado: 2017-04-09

Cada vez es más común escuchar que el agua se acaba en el planeta. Esta afirmación normalmente es acompañada con datos como que para el 2025, 1800 millones de personas van a enfrentar problemas de escasez de agua o que para el 2030 casi el 50% de la población mundial vivirá en áreas de escasez hídrico (ONU, 2013), sin lugar a dudas, cifras que asustan a cualquiera. En este contexto, ¿cuál es la situación para el Perú? 

Según la Global Water Partnership, casi un tercio de los recursos hídricos renovables están en Sudamérica y el Perú está en el puesto 8 entre los países con más agua en el mundo. La información más reciente muestra un progreso a nivel nacional en cuanto al acceso al agua potable por red pública: hemos pasado del 70.3% en el 2005 al 87% en el 2015, lo que deja un 13% de la población que consume agua (potable y no potable) proveniente de una fuente externa - río, lluvia, camión cisterna u otras fuentes - (Inei, 2015).

A pesar de ser el octavo país con mayor reserva de agua en el mundo (calculado en base a la fórmula Total Actual de Recursos Hídricos Renovables), el Perú es considerado un país con alto estrés hídrico, según el Instituto de Recursos Mundial. Pero esto no se debe a un problema de escasez física del recurso, sino a la falta de abastecimiento, distribución y tratamiento. 

Como se refleja en los recientes sucesos naturales del norte, el Perú sí cuenta con agua, y bastante; sin embargo, aun tenemos regiones donde gran parte de la población solo tiene acceso a la red pública durante unas horas o, en los peores casos, ni siquiera lo tienen. Quizá el caso más paradigmático sea el del departamento de Loreto, que tiene una tasa de acceso a agua potable de aproximadamente 55.8% incluso viéndose beneficiado por la cuenca del Atlántico, la cual aporta en promedio el 97,2% del volumen de agua del país (Inei, 2015). Y si a la mala distribución se le agrega los efectos de fenómenos climáticos como El Niño Costero, la situación se agrava. 

fuente: inei, 2015

Otros escenarios bastantes comunes en nuestro país que también simulan la desaparición del agua son la contaminación y la sobreexplotación del recurso. En el Perú, solo se utilizó el 30% de la inversión pública en tratamiento de agua, de acuerdo al Plan Nacional de Saneamiento Urbano y Rural 2006-2015 (Laros-Meoño et al., 2015) e, incluso desde antes que el fenómeno El Niño Costero empezara, ya habían 17 regiones declaradas en emergencia hídrica por sequías y sobreexplotación del recurso.

Entonces, ¿en realidad se está acabando el agua? Para efectos prácticos, afirmemos que la cantidad de agua que existe en el planeta siempre ha estado ahí y estará por siempre. No obstante, esto no quiere decir que siempre vaya a estar disponible en los mismos sitios (el cambio climático justamente está cambiando estos patrones) o en condiciones para ser consumida (por ejemplo, en el caso del río Rímac, que provee el 74.5% del agua para Lima y Callao, la creciente contaminación ha obligado a Sedapal ha incrementar en S/. 30 millones sus costos de operación para garantizar su calidad).

Nuestra principal preocupación debe ser empezar a adaptar nuestro sistema de distribución y tratamiento de agua a una situación urgente y delicada. Somos el tercer país a nivel mundial más vulnerable a los efectos del cambio climático por detrás de Bangladesh y Honduras (Tyndal Centre, 2014), pero tenemos una ventaja que solo unos pocos tienen, y eso es haber nacido en un territorio con una enorme reserva de agua esperando a ser aprovechada de una manera sustentable.


Escrito por

Daniel Macera

Comunicador por la PUCP. Máster en formación en Sostenibilidad Ambiental, Económica y Social en la Universidad Autónoma de Barcelona.


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danielmacera

Comunicador por la PUCP. Master en formación en Sostenibilidad Ambiental, Económica y Social en la Universidad Autónoma de Barcelona.